viernes, 16 de enero de 2015

"Capítulo 17".

                                                  Amor En El Más Allá.

—Eh... me despido de mi mamá y vamos al hospital, ¿si? -preguntó, Carina.
—Sí. -respondí.
—Seba... -dijo.
—Es la primera vez que me decís Seba. -sonreí. ¿Qué?
—Me tenés que soltar. -dijo.
—Sí, sí. Anda. -dije.
—¿Me soltas? -preguntó, sonriendo.

Solté a Carina y ella se levantó, yo hice lo mismo y esperé a que salga de su casa.
¿Era verdad? ¿Carina estaba sintiendo algo por mí? Creo que voy a tener que aprovechar estar en coma.

—Ya estoy. ¿Vamos? -preguntó, Carina sacándome de mis pensamientos. 
—Sí. -dije.
—¿En qué pensabas?
—En nada. -contesté. 

Ambos pensamos en el hospital y fuimos.

—Eso es todo lo que pasó hoy. -dijo, Sol. Espero que te pongas bien pronto.

Mi hermana tocó mi mano y yo sentí eso.

—¿Qué pasa? -preguntó, Carina.
—Lo sentí. -dije. Sentí cuando tomaba mi mano.
—¿Estás seguro?
—Sí. -dije y cerré mi puño.
—¡Doctor! -dijo, mi hermana. ¡Doctor!
—¿Qué pasó? -preguntó, el doctor.
—Apretó mi mano. ¡Apretó mi mano! -dijo, feliz.
—Eso es una señal de que va a despertar pronto. -sonrió.
—¿Y va a ser el mismo de siempre? -preguntó, Sol.
—Sí, pero...
—¿Pero?
—No sabemos si va a seguir teniendo su don...

Carina y yo nos miramos.

—¿Eso significa que hay posibilidades de que no me puedas ver cuando despiertes? -preguntó, Carina.
—Ojalá que siga teniendo el don. -dije. Ey.
—¿Qué? -dijo, triste.

Me acerqué a ella y tomé su rostro.




—Estoy seguro de que cuando despierte voy a seguir teniendo mi don. -dije.
—¿Y si no? -preguntó. Sebastián vos sos la única persona que conozco. -dijo, dejando caer unas lágrimas.
—No llores. -sequé sus lágrimas. No me gusta verte llorar. Yo te prometo, ey mirame; yo prometo que no voy a perder mi don. ¿Si? No llores más.
—Está bien. -dijo.
—¿Qué te parece si seguimos disfrutando del día? -pregunté. 
—No tengo muchas ganas. -respondió, Carina.
—Ey, no quiero que estés mal. -dije. Salgamos.

Tomé su mano y nos fuimos caminando hasta llegar a una plaza. Ninguno habló durante el camino y Carina no había hablado ni sonreído en ningún momento. 

—Quiero que juguemos a algo. -dije.
—¿A qué? -preguntó, Carina.
—A una guerra de cosquillas.

La tomé por la cintura, la levanté un poco del suelo, la acosté en el pasto y le empecé a hacer cosquillas.

—¡No, no, basta! -rió. ¡Sebastián, basta por favor! -pidió. ¡Sebi para! -dijo, riendo.
—Es la primera vez que me decís Sebi. -sonrío.
—Me gusta Sebi. -sonríe. Es tierno. -ríe.
—Y a mi me gusta Carinita. -dije, riendo.
—Basta, tonto.

Dijo y se subió arriba mío haciéndome cosquillas.

—Basta, basta. -dije, riendo. Para, Carinita. -reí.

Agarré sus manos, me di vuelta dejando a Carina debajo mío y la apoyé sobre una roca. Sin soltarle las manos las dejé al lado de su cabeza y cuando estiró su cuello le di un beso tratando de hacerle cosquillas. 





—Basta, Sebi. -dijo, riendo. Por favor.
—¿Paro? Paro. -dije, sin salir de encima de ella.
—¿Te vas a quedar ahí o qué? -preguntó. 
—¿Si me quedo no me retas? -dije y sonreí.
—No. -sonríe.
—Eso quería yo, una sonrisa.
—Gracias por hacer esto, gracias por sacarme siempre una sonrisa.
—No es nada, con dos pases mágicos te saco una sonrisa.
—¿Con dos pases dijiste? -preguntó. ¿Cuál es el segundo pase? -se sentó.
—¿Querés saber? -pregunté. 
—Si no es molestia.

Tome su rostro con sus manos y me acerqué a sus labios.

—¿Estás segura?
—Muy segura. -sonrió. 


Lentamente me acerqué a sus labios y cuando iba a besarla algo nos interrumpió. Otra vez estaba perdiendo el color.



—Otra vez no. -dijo, Carina.
—Tranquila. -dije. 
—Tengo miedo. 
—No va a pasarte nada. Yo estoy con vos. -le dije.
—Me duele de nuevo el pecho. -dijo. Hace algo por favor.
—Yo voy a ir con vos. -dije y tomé sus manos. No tengas miedo.

Ella me miró y me abrazó.


—Tranquila. -dije. Nada va a pasarte.
—¿Cómo sabés? -preguntó, Carina.

Tomé su rostro y la miré a los ojos.


—Porque yo no voy a dejar que nada malo te pase. -dije.

                                                    Continuará...




jueves, 15 de enero de 2015

"Capítulo 16".

                                                Amor En El Más Allá.

Me quedé observandola por unos segundos y después hablé. 

—Claro que acepto. -sonrío.
—¿Sabés qué quiero hacer? -preguntó, Carina.
—¿Qué?
—Quiero que juguemos a la mancha. -ríe. ¡Mancha!

Me tocó el hombro y salió corriendo. Yo reí y fui tras ella, empecé a correr y correr hasta llegar a ella y tocarle el hombro. Yo empecé a correr y cuando miré para atrás Carina no estaba, empecé a buscarla y de golpe apareció frente a mí haciéndome asustar.
Yo la agarré por la cintura para no caerme pero fue imposible, así que caímos los dos en el pasto; al levantar mi vista me encontré con sus hermosos ojos mirándome. Nos reímos y nos sentamos sin alejarnos.

—Te manchaste acá. -dijo, poniendo su dedo en mi barbilla.
—Y vos acá. -dije, haciendo lo mismo. 



—Sebastián... -dijo.
—¿Qué? -pregunté. 
—Besame.

¿Qué? ¿Había escuchado bien? ¿Quería que la bese? 

—¿Qué? -pregunté, asombrado.
—¡Llevame! -dijo, algo nerviosa. Que me lleves a... a...
—¿A? -dije, sonriendo.
—¿Por qué sonreís? -preguntó. 
—Por nada. -respondí. ¿Adónde querés que te lleve?
—A mi casa. -dijo.
—Pero ya estamos en tu casa. -reí.
—Ah... sí, sí claro...

«¡Carina basta, te estás corportando como una imbécil frente a Sebastián!». Dijo Carina para sus adentros.

—Eh... ignora lo que dije. -dijo, Carina.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
—Sí.
—¿Por qué te pusiste tensa? -pregunté. 
—Por... porque...
—¡Tortolitos! -escuchamos.

Al darnos vuelta vimos a un espíritu viéndonos.

—Sería mejor que te vayas. -dije.
—Perdón, arruiné el momento. -dijo, el espíritu.
—Ey, yo te conozco. -dijo, Carina. ¿Cómo te llamas?
—Alcides, pero me dicen Maquina. -contestó.
—¿Vos no eras el cartero? -preguntó, Carina.
—¡Sí! Vos sos Carina, ¿no?
—Sí, sí. ¿Qué te pasó?
—Iba con la bicicleta tranquilo, no miré la calle y me chocó un camión de mudanzas.
—Yo vi hace un tiempo en el noticiero que hubo un accidente entre un cartero y un camión de mudanzas... -dije. ¡El de los Colucci!
—Ese mismo. -dijo, Máquina. ¿Vos quién sos?
—Sebastián, un amigo de Carina. -dije.
—¡Alcides! -escuchamos.
—Me encontraron. -dijo, Máquina. ¿Si, Emilio?
—Te dije que te quedes dentro de la casa. -dijo, Emilio. Perdón que los interrumpa. -nos dijo.
—Bueno, Cari un gusto en verte, Sebastián un gusto.
—Igualmente, Máquina. -dijo, Carina.

Antes de irse, Emilio dijo:

—Hacen una linda pareja.

Y se fue. 

—Sebastián... -dijo, Carina.
—¿Si? -pregunté. 
—Desde que nos caímos no quitaste tu mano de mi cintura. -respondió. 
—¿Está mal?
—No... está bien.

Y ambos sonreímos.

                                                  Continuará...                  






miércoles, 14 de enero de 2015

"Capítulo 15".

                                              Amor En El Más Allá. 

—¿Estás segura? -pregunté.
—Sí, tuve un recuerdo, estaba con mi mamá. -dijo.
—Está bien, vamos... pero vayamos en la camioneta de Alejandro, capaz que alguien lo llama y tenemos otra pista. -dije.

Ya en el auto, Alejandro llamó a alguien. 

—Estoy en camino. -dijo. (...) ¿Más dinero? ¿Para qué? (...) yo te di lo que pediste (..) de ninguna manera (...) no, no hables (...) está bien, cuando llego te doy la plata (...) -corta.

Al llegar, bajamos y buscamos la casa.

—Es esta. -dijo, Carina.
—¿Estás segura? -pregunté. 
—Sí. -respondió. 

Nos acercamos a la puerta y nos miramos.

—¿Lista? -pregunté. 
—Lista. -dijo. 

Atravesamos la puerta y avanzamos. Fuimos a la cocina y vimos a una mujer dada vuelta.

—¿Mamá? -preguntó, Carina.

La mujer se dio vuelta, caminó hacia nosotros y al atravesar a Carina se detuvo, miró hacia atrás y después de unos segundos siguió su camino.

—Linda casa. -dije.
—Gracias. -dijo, Carina. ¿No te molesta si voy con mi mamá?
—No, no, anda. -respondí. Yo voy con Alejandro.

Cuando salí de la casa me dirigí hacia el auto de Alejandro.

—¿Para qué queres esa plata, Ivana? -preguntó, Alejandro.
—Con lo poco que me diste no me alcanza ni para irme a Mar Del Plata, Alejandro. -dijo, Ivana. Dame la parte del dinero que me pertenece.
—¿Y si no quiero? -preguntó.
—Voy a hablar. -respondió.
—Si vos hablas también caes, Ivana. -dijo, Alejandro.
—No, yo no. Yo puedo ser una simple testigo que vio como un hombre ent...
—¿Cuánto querés? -interrumpió.
—Doce mil.
—¿Qué? Ivana eso es más de la mitad.
—Vos vas a hacer lo mismo con esta nueva chica, Alejandro.
—Sí pero no voy a hacer lo mismo que hice con Carina. Lo que me pasó con Carina fue un...
—Un accidente. -interrumpió, Ivana. Ya sé, me lo dijiste.
—Anda al banco y saca lo que quieras. -dijo, Alejandro.
—Gracias.
—¿Para qué necesitas la plata? -preguntó, Alejandro.
—Voy a comprar un pasaje para irme al Caribe. Cualquier cosa me llamas, ¿si?
—Okey, que andes bien.
—Lo mismo digo. -sonríe. Cuidate.

Alejandro se bajó del auto y se subió a su camioneta.

—Sebastián. -dijo, Carina.
—¿Si? -pregunté.
—¿Todo bien? ¿Pasó algo?
—No, no pasó nada. Solamente me quedé pensando en algo que dijo Alejandro.
—¿Qué dijo? -preguntó, Carina.
—Algo sobre un accidente que tuvo con vos. -respondí.
—¿Accidente?
—Sí, no dijo cual pero fue muy raro de la manera en que lo dijo... lo notaba nervioso.
—Cuando despiertes vamos a ir de nuevo a la oficina de él. -dijo, Carina.
—Está bien, ¿te sentís bien?
—Sí, es que... extrañaba a mi mamá. -sonríe.
—Cuando despierte si queres vengo y te comunicas con ella a través mío, ¿si?
—Sí... gracias por lo que haces por mí.
—Yo quiero lo mejor para vos. -dije.
—Tengo una idea. -sonríe.
—¿Cuál? -pregunté.
—¿Qué te parece si nos damos un tiempo y disfrutamos este hermoso día? -preguntó.

Carina sonrió y se acercó más a mí.

—¿Qué decís? ¿Aceptas? -preguntó.

                          Continuará...




domingo, 11 de enero de 2015

"Capítulo 14".

                                                 Amor En El Más Allá.

— ¿Estás bien? -pregunté.
—Sí. -respondió. Gracias, gracias. -repitió una y otra vez.
—Sh, tranquila. -dije, acariciando su cabeza.

Ella dejó de abrazarme y me miró. Yo sequé sus lágrimas.





—¿Estás mejor? 

Ella solo movió su cabeza. 

—Vení, vamos a la clínica. -dije.

Ambos cerramos los ojos y nos fuimos. Al llegar estaba Sol hablando con un doctor. 

—¿Cuándo va a poder despertar? -preguntó, Sol.
—No sabemos, tiene que tener paciencia. -respondió, el doctor. 
—Una pregunta, mi hermano tiene un... algo que pocas personas tienen. ¿Lo podría perder?

Cuando se despierte vamos a saber, el golpe en la cabeza fue muy fuerte. Tiene suerte de estar vivo, pero... hay posibilidades de que lo pierda.
—¿Podes perder tu don? -preguntó, Carina.
—No... no sé. -respondí.
—Yo me voy. -dijo.
—¿Qué? -pregunté. ¿Adónde vas?
—Quiero estar sola... después voy con Alejandro.
—Está bien... yo voy a estar acá. -dije.

«No podía estar pasándome esto, Sebastián podía dejar de verme, ¿cómo iba a seguir yo? Sin Sebastián, sin sus ayudas, sin sus consejos». Pensó, Carina.

—Seguro que en este momento estás con Carina. -dijo, mi hermana tomándome la mano.

Me conocía tan bien.

—No sé como voy a decirte que hay posibilidades de que pierdas tu don. -dijo, Sol.

No podía estar pasándome esto. ¿Perder mi don? Eso significaba que dejaría de ver a Carina... Dios, esto es tan complicado. Cerré mis ojos y fui a la oficina de Alejandro; al llegar vi a Carina viendo unos cuadros que estaban colgados antes de llegar a la oficina.

—¿Estás bien? -pregunté. 
—Sí... vine acá porque me llaman la atención estos cuadros. -respondió, Carina.
—¿Para qué querés esa dirección? -preguntó, Alejandro.

Los dos nos miramos y fuimos a la oficina.

—Está bien. Anda a la avenida Libertador, te espero ahí. -dijo y cortó. 
—Avenida Libertador... ¿Por qué me suena ese lugar?

«Al cerrar mis ojos se me vino un recuerdo a la mente. Estaba yo de chiquita con mi mamá, jugando en el patio de mi casa.

—No me vas a atrapar. -decía, yo.

Me di vuelta y mi mamá ya no estaba.

—¿Mami? -preguntaba.
—¡Te atrapé! -decía, mi mamá mientras me hacía cosquillas. 
—No, no, cosquillas no. -decía y reía. Te amo, mami.
—Yo te amo más, mi amor.

Y mi mamá finalmente me daba un abrazo».

—Sebastián... -dijo. Ahí...
—¿Ahí qué? -pregunté. 
—Ahí vivía yo. -respondió.

                                                    Continuará...


jueves, 8 de enero de 2015

"Capítulo 13".

                                                        Amor En El Más Allá. 

—Eh... gracias por venir. -interrumpió, Carina.

Yo la miré a sus ojos y ella a los míos.

<<No puedo sentir algo por Sebastián. Simplemente no, ¡Carina por Dios no podes sentir algo por alguien... vivo!>>. Pensó, Carina hacia sus adentros.

—¿Cómo sabías que estaba acá? -preguntó, Carina.
—Busqué por todos los rincones. -sonreí. Algo me dijo que estabas acá y ese algo no se equivocó.
—Ahora lo único que falta es que tengas instintos femeninos. -rió.
—Ey. -reí. ¿Estás mejor? -pregunté.
—Un poco, sí. Estar con vos me hace bien. -respondió.
—¿Si?
—Sí... tenes algo especial que me hace sentir bien.
—Vos también. -dije.
—Será mejor que encontremos la forma de que despiertes del coma. -dijo, Carina.
—No quiero. -dije, sin pensarlo.
—¿Qué? -preguntó, Carina.
—No que... todavía no quiero despertarme, quiero averiguar algo más de Alejandro. -respondí.
—Sebastián, tu hermana te necesita. No podes simplemente decir "todavía no quiero despertarme". -dijo.
—Es que quiero ayudarte. -dije.
—Vos ya me estás ayudando, solo con verme me das una gran ayuda. -sonríe.

Yo solamente la miré. Su sonrisa es tan hermosa.

—¿Qué me queres decir? -preguntó, Carina.
—¿Qué? -pregunté.
—Te quedaste pensando en algo viéndome, estabas pensando algo de mí. ¿Qué pensabas?
—Nada...
—Sebastián... -insistió.
—Me quedé pensando en... en tu sonrisa, es muy bonita.
—Gracias. -sonríe. Nunca nadie me había dicho eso.
—¿No? Es raro porque...
—¿Por qué? -interrumpió.
—Porque sos hermosa y no creo que... -me callé.
—¿Pensás qué soy hermosa? -preguntó, sonriendo aún más.
—Muy. -agregué.

¿Sebastián qué estás haciendo? Esto está mal. No sé que en momento me acerqué a ella y agarré su mano, pero en ese momento Carina empezó a perder el color.

—¿Qué pasa? -preguntó, Carina.
—Estás perdiendo el color de nuevo. -respondí.

Carina miró sus manos y vio que poco a poco perdían el color.

—Otra vez no. -dijo, agarrándose la cabeza.

De golpe, Carina se levantó del sillón y algo la empezó a tirar hacia atrás.

—Ayudame, no quiero ir a ese lugar oscuro. Por favor. -pidió, Carina.
—Tranquila. -dije y me levanté. Trata de tranquilizarte.
—No puedo, Sebastián por favor hace que el dolor pare.
—¿Qué sentís? -pregunté.
—Siento un dolor en el pecho.

Sin pensarlo en el momento que ella iba a desaparecer tomé su mano rápidamente. Carina me abrazó y yo a ella; en cuestión de segundos comenzó a llorar.

                         Continuará...







jueves, 4 de diciembre de 2014

"Capítulo 12".

                                                     Amor En El Más Allá.

—¿En qué pensas? -preguntó, Carina.
—En nada, solo me duele la cabeza. -mentí. ¿Adónde vamos?
—Vamos a ir a la habitación en donde estás.
—¿Y cómo hago? -pregunté.
—Solo pensa en el lugar donde quieras ir y ya está -respondió.
—¿Así de fácil?
—Sí. -sonrió. Cerra los ojos y pensa en ir a tu habitación.

Cerré los ojos y pensé en mí habitación. Al abrirlos... ¡Estaba allí!

—Sebastián... -dijo, Carina.
—¿Qué? -pregunté, asombrado.
—En la habitación de la clínica, no en tu habitación. -dijo.
—Ah... perdón. -reí.

Hice lo mismo, cerré los ojos, pensé en el lugar y al abrirlos estaba en la habitación de la clínica. Mi hermana se encontraba al lado mío, llorando.

—Por favor, Sebastián. Tenes que despertarte. -dijo, Sol.
—¿Cuándo voy a despertarme? -pregunté.
—Cuando el dolor en tu cabeza se vaya. -contestó, Carina. Ahora tenemos que ir con Alejandro.
—No, no puedo dejar a mí hermana así. -dije.
—Sebastián, ella va a estar bien. Confia en mí, vamos con Alejandro, capaz que puedo recordar algo más.
—Está bien... -toqué el hombro de Sol. Te quiero, hermanita.

Me puse al lado de Carina y nos fuimos a la oficina de Alejandro.

—¿Nos vemos a la noche? -preguntó, Alejandro. Está bien, chau... besos.

Alejandro cortó su celular y marcó otro número.

—Hola. -dijo. Ya está el plan en marcha (...) no voy a cometer el mismo error que lo tuve con Carina, te lo dije millones de veces (...) ¿Y yo que iba a saber que Carina estaba escuchando atrás de la puerta? (...) tomé la decisión correcta (...) Carina fue y será una completa estúpida.

Mire a Carina y vi lágrimas en sus ojos, me partía el alma verla así.

—Tranquila. -dije.
—No puedo estar tranquila, Alejandro nunca me amó, no puedo recordar nada, no estoy en el cementerio, no puedo estar tranquila. -dijo, mirando con odio a Alejandro.

Carina miró la fogata y con su vista tiró un pedazo de tronco al piso haciendo que la alfombra se empiece a prender fuego.

—Mierda. Espera un segundo. -dijo, Alejandro.

Él se acercó y empezó a apagar el fuego con su pié.

—Me las vas a pagar, Alejandro. -dijo en frente de él.

Carina desapareció y Alejandro siguió hablando por teléfono. Fui a la clínica nuevamente y estuvo unas horas con mí hermana pero mi duda era... ¿Dónde estaba Carina? En todo el día no había aparecido. Pensé en donde podría estar, pero no se me ocurría... hasta que en un momento pensé en mi quinta. Cerré mis ojos, pensé en la quinta y al abrirlos estaba en la puerta.
Ingresé y vi a Carina llorando en el sillón; me acerqué lentamente a ella y me senté a su lado. Ella me miró y se largó a llorar de nuevo. En ese momento solo atiné a abrazarla.

—Tranquila, Cari. -dije.

Ella apoyó su cabeza en mi hombro y me abrazó fuerte. Minutos después dejé de abrazarla, sequé sus lágrimas con mi mano y nos quedamos mirando a los ojos por un largo tiempo, hasta que en un abrir y cerrar de ojos yo me estaba acercando a sus labios.



                                                           Continuará...

lunes, 1 de diciembre de 2014

"Capítulo 11".

                                                     Amor En El Más Allá.

—¿Qué? -preguntó, Carina sorprendida.
—Tiene que haber un error. -dijo, Sebastián.
—No, lo siento. Puede ser que en otro cementerio esté enterrada pero acá no está Carina Zampini. -dijo, el hombre.
—Está bien... ¿Conoce algún otro cementerio?
—Sí, el cementerio de La Plata. -respondió.
—Gracias. -dijo, Sebastián. Chau.

Sebastián fue hacia su camioneta y arrancó. Durante el viaje, Carina no hablaba, solo pensaba; pensaba y pensaba. ¿Cómo podía ser que su cuerpo no esté en aquél cementerio?

—¿Estás bien? -interrumpió, Sebastián.
—Sí, solo pensaba. -respondió, Carina.

Sebastián prendió la radio y al ver a Carina perdiendo el color, disminuyó la velocidad de la camioneta y la observó.

—No, no otra vez. -dijo, Carina.

Poco a poco Carina perdía el color y algo se la llevaba.

—¡No, basta! -dijo, Carina. ¡Qué esto se detenga!

La camioneta empezó a irse para un lado y luego para el otro.

—Carina, estoy perdiendo el control. -dijo, Sebastián alterado.
—¡Sebastián detené esto! ¡Por favor, no quiero volver a ese lugar oscuro! -pidió.

En un santiamén Carina desapareció, pero para su mala suerte los parlantes del auto explotaron, haciendo que Sebastián pierda el control de la camioneta y chocara contra un árbol.

Cuenta Sebastián...

Después de ese choque estaba en un lugar oscuro, no veía ni escuchaba nada. Lo único que sentía era un dolor intenso en mí cabeza.

—¿Hola? -pregunté.

Y nada, estaba solo... completamente solo. Al girar mi cabeza vi una luz bellísima... de esa luz me hablaba Carina. De esa luz salió un gran amigo mío que había fallecido, Juan. Él se acercó y me habló.

—¿Estás listo? -preguntó, Juan.
—¿Listo para qué? -pregunté.
—Para cruzar. -respondió.
—No sé... no estoy seguro.
—En ese lugar hay paz, si no venís te voy a entender.

Capaz que Carina estaba ahí, ya que en los minutos que estuve en ese lugar oscuro ella no había aparecido.

—Creo que lo estoy. -sonreí.

Juan estiró su mano y sonrió, estaba a punto de acercar mí mano con la suya pero una voz me detuvo.

—No lo hagas. -dijo, Carina.
—Carina. -me di la vuelta. ¿Qué haces acá? ¿Dónde estoy?
—Este es el lugar del que te hablaba. -sonrió. Vos no estás muerto, no moriste en el accidente. Estás en coma.
—¿Qué? -pregunté.
—Por eso te duele la cabeza. No podes cruzar, no ahora, tu hermana te necesita. Escucha.

Era verdad, escuchaba a mí hermana hablarme. Estaba tan feliz de oírla y a la vez tan triste por estar en coma; miré a Juan y dijo:

—Ella tiene razón. Todavía no podes cruzar. -sonrió.

Carina estrechó su mano y me dijo:

—¿Venís? -sonrió.
—Juan... después voy a ir. -reí. Después nos volveremos a encontrar.
—Está bien. Cuidate y pensá bien las cosas antes de hacerlas. -rió.

Juan se metió nuevamente en la luz y desapareció. Vi a Carina y tomé su mano. ¡No puedo creerlo! Puedo sentir a Carina, puedo sentir su mano. Ella sonríe.

—Estás feliz de sentirme. -rió. Vamos con tu hermana.
—Vamos. -reí.
—Perdón por hacer que quedes en coma. -dijo, apenada.
—Perdón por decirte Carinita. -dije, sonriendo.
—¡Basta! -rió.

Y así nos fuimos, tomados de las manos. Creo que mi hermana tenía razón... creo que me estoy enamorando de Carina.

                                                          Continuará...